Privacidad desde el diseño en inteligencia artificial: un pilar clave para el cumplimiento y la confianza

La inteligencia artificial dejó hace tiempo de ser una idea futurista para convertirse en un elemento esencial en los procesos empresariales. Lo que antes era exclusivo de sectores tecnológicos hoy impacta en todas las áreas de la economía: selección de personal, gestión de riesgos financieros, automatización de operaciones o atención al cliente. Esta transformación ha cambiado la forma en que las organizaciones toman decisiones y ha redefinido qué significa cumplir, ser responsable y proteger datos en un entorno donde los algoritmos aprenden, predicen y actúan.

El impacto de la IA en el cumplimiento normativo

La rápida expansión de la IA ha provocado una evolución significativa en el marco regulatorio y en las obligaciones de las empresas.

La necesidad de integrar ética, transparencia y responsabilidad

Los sistemas algorítmicos, especialmente aquellos con capacidad predictiva o automatizada, exigen nuevas formas de gobernanza y control interno para garantizar:

  • Transparencia en la toma de decisiones
  • Minimización de riesgos para las personas
  • Protección efectiva de los datos personales

En este contexto, emerge la privacidad desde el diseño, recogida en el artículo 25 del RGPD, como un principio fundamental que une legalidad, tecnología y gobernanza.

Privacidad desde el diseño: más allá de la norma

Aunque la atención pública se ha centrado recientemente en la IA generativa, los riesgos de privacidad afectan a todo tipo de sistemas: clasificatorios, predictivos o automatizados.

La privacidad no depende del tipo de IA, sino de cómo se gestionan los datos

Los retos más habituales incluyen:

  • Opacidad algorítmica
  • Procesamiento masivo de datos
  • Riesgo de reidentificación
  • Falta de control sobre el ciclo de vida del dato

Por ello, la clave no está en la tecnología empleada, sino en cómo se estructura, gobierna y audita cada proceso.

Requisitos del RGPD: privacidad como requisito de diseño

El artículo 25 del RGPD exige que los responsables apliquen medidas técnicas y organizativas apropiadas desde el inicio del tratamiento, no al final.

¿Qué implica esto para la IA?

Significa que la privacidad debe estar presente:

  • En la definición del sistema
  • En el diseño de la arquitectura
  • En el desarrollo del modelo
  • En la puesta en producción
  • En el mantenimiento y supervisión continua

Este enfoque permite diferenciar a las organizaciones que “cumplen por obligación” de aquellas que “cumplen por estrategia”.

Privacidad en todo el ciclo de vida de la IA

El principio de privacidad desde el diseño exige incorporar controles en cada fase del desarrollo algorítmico.

Fases del ciclo de vida con impacto en privacidad

  • Recogida y preprocesamiento de datos: minimización, anonimización, licitud del origen
  • Entrenamiento: reducción de sesgos, limitación de datos personales
  • Validación: verificabilidad, explicabilidad y trazabilidad de resultados
  • Despliegue: controles de acceso, auditorías internas, monitorización de riesgos
  • Mantenimiento: revisión continua de decisiones y actualización de modelos

Aquí, la privacidad deja de ser un requisito legal para convertirse en una metodología de ingeniería del cumplimiento.

Modelo de privacidad desde el diseño: un enfoque transversal

Implementar este modelo requiere una visión global que involucre a distintas áreas.

No es solo cumplir, sino transformar la cultura de la organización

Las empresas deben cuestionarse:

  • Cómo obtienen y almacenan los datos
  • Quién puede acceder a ellos
  • Cómo se documentan las decisiones
  • Qué riesgos existen en cada fase

Solo un enfoque transversal —unión de legal, tecnología y negocio— permite construir un cumplimiento sostenible.

Beneficios estratégicos de la privacidad desde el diseño

Adoptar este enfoque no solo reduce riesgos legales o regulatorios.

Ventajas clave para la empresa

  • Refuerza la confianza de clientes, empleados y reguladores
  • Aumenta la transparencia interna
  • Favorece decisiones tecnológicas más responsables
  • Mejora la reputación y competitividad
  • Reduce costes futuros derivados de sanciones o rediseños tardíos

Las organizaciones que ven la privacidad como un componente estratégico descubren que no es un freno, sino un impulsor de valor.

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